Tecnología, nuevas tecnologías y las
instituciones educativas
Entenderla tecnología como soporte para mejorar los procesos educativos implica que las
instituciones hagan periódicamente una revisión de sus medios de aprendizaje
(centros de cómputo, licencias, software, banda ancha, biblioteca electrónica,
laboratorios, entre otros). De lo que se
trata
es de hacer un balance: qué sirve, qué está obsoleto, qué necesita renovarse o
ser actualizado. Este conocimiento, en últimas, le permitirá tener a las instituciones un panorama real de
su capacidad tecnológica y actuar oportunamente sin incurrir en gastos
superiores.
Adicional
a este paneo tecnológico es necesario que los usuarios tengan capacitaciones
sobre aspectos “supuestamente triviales” como vacunar un equipo, descargar plugins o simplemente
mecanismos de seguridad en el nivel de
los equipos y de la información. Digo “triviales” porque la mayoría de las
instituciones educativas consideran saldada su responsabilidad en cuanto a
tecnología con la existencia de un departamento de sistemas, cuando esto no
debería ser así, sobre todo en comunidades de aprendizaje en las que todos los
miembros de la institución son copartícipes del uso, manejo y vida de la
tecnología, y en las que todavía se hacen evidentes
casos
tan irónicos como los de no saber usar un video beam y hace falta llamar al
ingeniero para que “resuelva un inconveniente.”

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